Dos años

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La Fundación cumplió ayer dos años. Como se suele decir, parece que el tiempo no ha pasado. Si nos pusiéramos a trazar el balance de lo que hicimos y de lo que soñábamos, no nos faltan motivos para afirmar que no hemos tenido ni un momento de descanso. En primer lugar, la preocupación de decidir sobre lo que más le convenía a la recién nacida para que el paso siguiente que se diera fuese firme y con futuro. Después el trabajo de convencer a los desconfiados de que no estábamos aquí para dedicarnos a la contemplación del ombligo del patrono, sino para trabajar en beneficio de la cultura portuguesa y de la sociedad en general. No tenemos la pretensión de haberles hecho cambiar de ideas, ni entonces, ni ahora, pero la tarea de aclaración pública nos permitió llevar nuestras ideas y nuestras propuestas a las personas de buena fe, que afortunadamente no faltan en este país, por muy mal que de él se diga. La Fundación ya puede presentar una hoja de servicios, además de digna, prometedora. Las obras de la Casa dos Bicos, que visitamos hace tres días, avanzan con tenacidad, y es muy probable que en seis meses o poco más tengamos la llave en la mano y podamos entrar libremente en la casa que ya es nuestra, aunque lo será mucho más cuando estemos en actividad plena. Queremos que el Campo das Cebolas forme parte de los itinerarios habituales de las personas para las que la cultura no es solo una decoración superficial del espíritu. Recordamos recientemente la obra y la vida de José Rodrigues Miguéis. El próximo escritor, tal vez en enero del año que viene, será Vitorino Nemésio. Y después Raul Brandão. Las leyes, tantas veces injustas, da la oferta y de la demanda en el mercado de las letras, en demasiadas ocasiones hacen que grandes escritores del pasado reciente hayan dejado de estar en el día a día de la gente. Haremos todo para contrariar esa maléfica tendencia. Tenemos mucho trabajo por delante. Dos años no son nada, pero la criatura tiene buena salud y se recomienda.


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